Desprenderse de todo

Nos vendimos todo lo que pudimos, regalamos lo que no pudimos vender y donamos aquello que no nos hacía falta. La primera impresión podría ser que nos volvimos locos o que no valorábamos nuestras posesiones.

Pudiera parecer que todo obedecía a recaudar dinero para el viaje que queríamos tomar, pero eso no sería cierto. Desprenderse de nuestras posesiones materiales no fue fácil. De alguna manera nuestra memoria o recuerdos parecía que estaban pegados a ciertos objetos. Era nostalgia.

La nostalgia era más potente en aquellos juguetes de infancia que nos hacían viajar en el tiempo. Las entradas de los conciertos, las carpetas del colegio firmadas por los compañeros de clase, las camisetas de los equipos en que jugué, los dibujos de Bola de Drac de Marta… ¡Que etapa la del comercio de fotocopias de Manga! Sólo los de nuestra generación lo pueden entender.

También guardábamos cosas por si hacían falta en un futuro, como decenas de camisetas por si un día se tiene que pintar el piso.

Deshacerse de las posesiones materiales fue un ejercicio de liberación. El objetivo no era tener menos, sino en hacer espacio para tener más: más tiempo, más pasión, más experiencias, más libertad… Más felicidad.

Hacer espacio para las cosas que nos importan realmente en la vida. Cosas que en ningún caso son objetos.

Sin embargo todos esos objetos, todo ese apego, nos tenía anclados en un sitio en que ni tan siquiera teníamos claro que quisiéramos permanecer.

Vencido el apego inicial, cada vez fue más fácil deshacerse de aquello que nos retenía en el suelo y no nos permitía volar. Desenterré esos juguetes de los que aún no me había deshecho y los eché a volar, literalmente… No pude contener el sonido de disparos y de vuelos rasantes de los aviones antes de darlos a los hijos de mis amigos.

Verlos jugar a los niños con ellos me llenó de más alegría que tenerlos guardados en el fondo de un armario.

Otro de nuestros postulados básicos de nuestra filosofía particular.

2- Las cosas están para usarlas. Todo lo demás, es nostalgia. - MACASH

A menudo, la organización nos impide simplificar nuestras vidas. Es solo una acumulación bien planificada. No importa lo bien organizados que seamos, tenemos que cuidar continuamente de las cosas, limpiar y clasificar una y otra vez esas pertenencias que tan metódicamente hemos ordenado. Sin embargo, cuando nos deshacemos de los objetos superfluos, podemos centrarnos en lo importante. Una vez que apartamos lo residual del camino, mantenerse organizado es infinitamente más fácil.

Supongo que este es un problema de nuestros tiempos, la mayoría de nuestros antepasados vivió de manera simple, o mejor dicho la gente simplemente vivía.

Quizás nos deberíamos preguntar más a menudo antes de comprar algo:

- ¿Realmente necesito esto?
- Si he vivido sin esto hasta ahora, ¿puedo seguir haciéndolo?
- Lo que guardo en mis armarios, ¿realmente lo necesito?

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