Emiratos Árabes Unidos: Dubai

Cuando empezamos el viaje no teníamos previsto pasar por Dubai, sin embargo la vida da muchas vueltas y por cuestiones de trabajo tuvimos que ir allí desde Tailandia. Debido a este viaje precisamente tuvimos que acelerar nuestras anteriores etapas en motocicleta por Vietnam y Laos, y asegurarnos que teníamos el pasaporte oficial español en regla, ya que el pasaporte provisional que hice en Tailandia no permite volar a países como Emiratos Árabes Unidos, Australia o Estados Unidos.

En varias ocasiones utilizamos su metro elevado que cuenta con vagón de primera clase y líneas divisorias en los vagones para separar mujeres de hombres.

Nuestras pintas con las mochilas al llegar al Raffles, hotel de cinco estrellas, no tenía desperdicio. No hay que decir que llegar de los hoteles de India, Vietnam y Laos a un hotel con bañera y televisión por cable fue un contraste brutal. Marta casi llora al ver la enorme ducha de lluvia con todos sus productos de higiene. Estábamos por trabajo así que durante el día estuvimos bastante liados, pero el par de días que estuvimos sin trabajar aprovechamos para descansar, comer bien y ducharnos mil veces.

Decidimos subir al Burj Khalifa, edificio que lidera el podio del edificio más alto del mundo, con 828 metros. Subir en ascensor a la mitad del edificio, que te den un zumo y puedas mirar por unos prismáticos, todo por el módico precio de 1000 AED por los dos (245€!!! Casi nada). Han de pagar la crisis que les pilló a media construcción. Inicialmente se iba a llamar Burj Dubai pero el emir de Abu Dhabi acabó pagando los costes y le dieron su nombre.

La verdad que si no fuera por compromisos laborales nos lo habríamos ahorrado, pero bueno compensaba el hecho de tener los gastos pagados. Es curioso ver Dubai desde esta altura, que pese a ser la mitad del edificio ya es una altura descomunal. Desde esta vista de pájaro, Dubai es aún más si cabe, una ciudad sin sentido. Devorada por el desierto a cada minuto y abrasada por un sol descomunal, sus enormes edificios se erigen sin tener ninguna preocupación por las energías sostenibles. ¿Placas solares? Ni una.

Otra de las absurdas características de esta ciudad es el poder fardar de cochazo. Los Lamborghinis estan por todos lados y se puede reconocer a sus dueños por que a pesar que todos llevan túnica, estos llevan una gorra deportiva. De todos modos no todos los que llevan gorra y túnica tienen un superdeportivo, también hay garrulillos sin tanta pasta, pero a efectos prácticos tienen el mismo aspecto y se comportan igual.

Otro de los excesos son los centros comerciales. En Dubai no puedes hacer nada que no sea comprar y para eso construyen miles de edificios con aires acondicionados que te hacen pasar de los 40 grados exteriores a los 15 interiores. O puedes ir directamente a los casi 0 grados en el Mall of the Emirates para esquiar en las pistas de nieve artificial. Surrealista.

Sólo el 17% de la población de la ciudad son emiratíes, el resto son emigrantes, de los cuales el 85% provienen de Asia, especialmente India. Eso hace que en las afueras de la ciudad se concentre la vida real que no pasa delante de los escaparates de las tiendas de grandes marcas. En Deira se pueden visitar los antiguos zocos y comer en sus múltiples negocios árabes, indios o asiáticos. Nosotros cogimos la barca taxi para ir al Old Souk mientras los pasajeros nos miraban y sacaban fotos a escondidas.

La noche en Dubai es como una bendición, sigue haciendo calor pero es mucho más llevadera. Cenamos al lado del Dubai Creek, que aunque parezca un rio es la entrada de agua salada que daba la vida en la fundación de la ciudad. Sus aguas sirven de puerto principal para el comercio, para la pesca y también para el cultivo de ostras. Nosotros pudimos disfrutar del tabuleh y hummus, eso si, sin alcohol, ya que está prohibido y solo lo encuentras en hoteles o bien a las afueras de la ciudad.

A por cierto, en Dubai también es ilegal besarse en público. No nos busquéis por allí si desaparecemos.

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