Filipinas: Port Barton, Isla de Palawan.

Con 17 países a las espaldas en estos 13 meses no podemos evitar tener algunos preferidos. Filipinas para nosotros es el primero. Cuando llegamos al país de las 7107 islas pasamos un par de días en su capital, Manila, pero nuestra intención era visitar sus pequeñas islas. Sin saber mucho de este increíble país nos dirigimos a la isla de Palawan, famosa por las playas de El Nido, que fueron estas según los locales, y no las de Tailandia, las que inspiraron el libro de La Playa de Alex Garland, más conocido por la película que rodó Leo Di Caprio. El autor vivió 6 meses en Filipinas y muchos en el Nido.

Nuestro avión llego a Puerto Princesa dónde volvimos a encontrarnos con Esther y Andrew, una pareja de irlandeses que conocimos en Vietnam y con los que dijimos que nos encontraríamos en Filipinas. Desde Puerto Princesa cogimos un colorido autobús a Port Barton, bajo el calor y la humedad y dando botes por una carretera impracticable durante algo más de 4 horas. Encima del techo uno de los ayudantes del bus iba llenando por un tubo el radiador del vehículo que se calentaba. En medio de la ruta se acabó el agua y pararon cerca de una pequeña laguna para rellenar con cubos los depósitos y así poder proseguir.

Llegar a Port Barton es volver al pasado. Aquí el tiempo se para. No es un lugar turístico como el Nido o Boracay, aquí hay pocos alojamientos, todos a primera línea de mar. No hay bancos, ni cajeros y no hay electricidad excepto a partir de las 17:30 dónde conectábamos todos nuestros aparatos para tener batería para el día siguiente. Ver los niños jugando a baloncesto (deporte nacional preferido por su influencia americana) o llevando motocicletas con 7 personas en ellas es lo más habitual. El pueblo apenas tiene una sola calle que discurre en paralelo a la costa, así que si lo que buscas es comercio y actividades no será tu sitio. El pueblo vive básicamente de la pesca y de la agricultura y del razonable número de turistas que decide llegar hasta aquí.

Es sin duda un lugar indicado para el relax absoluto. Aunque en las horas de electricidad podías tener Wi-Fi no vale la pena perder ese maravilloso tiempo enganchado a una pantalla. Disfrutamos del relax en la playa bajo sus cocoteros, siempre mirando no estar en la trayectoria de algunos de los cocos que suelen caer de ellos. Pasear por las noches por su costa poco iluminada solo a la luz de las estrellas, acompañados por los perros que persiguen los cangrejos en la noche y oyendo los ruidos de la selva y el batir de las olas.

La actividad estrella en Filipinas es la del Island Hopping, pequeños cruceros a diferentes islas no habitadas de los alrededores. Allí cogimos una barca junto con Andrew, Esther y una pareja australiana. Visitamos varias islas, hicimos snorkeling, comimos unos ricos pescados en una de las playas solitarias por un precio astronómico… 11€ por cabeza!! En ese momento nos parecía caro ya que era lo más caro que habíamos pagado hasta la fecha. Ahora escribiendo esta entrada desde Canada uno se da cuenta de lo relativos que son los conceptos “caro” y “barato”.

Por primera vez en su vida Marta practicó snorkeling y disfrutó cual sirenita en el agua. Poder ver los nemos (peces payaso), los corales y esa riqueza marina a la que no estamos acostumbrados. Eso si, entre ir de isla en isla y estar todo el día en remojo conviene ponerse crema solar a menudo o bien utilizar una camiseta de baño. El sol es muy fuerte y no perdona, yo acabé con la espalda roja y atacado por las sandflies (yo soy el gafe ya que a los demás no les picaron).

Después de esta vida tan dura toca reponer fuerzas en los hoteles que ofrecen servicio de restaurante. Lo habitual es comer pescado o marisco, aunque también en filipinas el cerdo y el pollo son platos estrella. Aquí por ejemplo decidimos tirar la casa por la ventana, un plato de pollo picante para mi y un cangrejo con verduras para Marta. Todo, 9€.

Acabamos una de las noches tomando cervezas con nuestros amigos irlandeses y con Helena y Alex, la pareja de Melbourne que conocimos en el Island Hopping. Siempre que quedamos con Irlanda el presupuesto de cervezas se dispara, aunque esa noche el invitado sorpresa fue Barry, que nos superaba con creces en cervezas y en historias. Nos invito a ver su Librería que tenia en Port Barton y tomar unas cervezas allí, pero tuvimos que rechazar tan amable invitación, ya que al día siguiente nos tocaba irnos en dirección a El Nido y tanta literatura de noche podía ser peligrosa.

Marta cierra los ojos y se transporta a Port Barton, a sus noches recorriendo la playa con sus cangrejos escapando de nuestro amigo perruno. Mirando las estrellas después de comer un pescadito y tomar unas cervezas en la playa.

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