Perú: Sauce, relax en la Laguna Azul

En esta pequeña localidad nos hemos encontrado con un Perú auténtico. Muy diferente de los sitios abarrotados por extranjeros como Machu Picchu. Si bien la Laguna Azul es una localidad con afluencia de turismo, su gran mayoría es turismo local. Se llega por una carretera en malas condiciones y entre los botes que vas dando y la cumbia que suena en la furgoneta, llegas con el ritmo puesto. En el camino se tiene que cruzar con un ferry de fabricación casera que transmite una completa seguridad, jeje.

El pueblo tiene ese encanto amazónico, tranquilo y soleado que cuenta con los básicos necesarios, sin embargo llevar suficiente efectivo ya que no hay cajeros, aunque existe la posibilidad de cambiar dólares en un pequeño puesto al lado de la Saucina, distribuidora de agua. Por la noche quien pone la fiesta es la discoteca cañera “La noche”, nombre muy apropiado, y también el karaoke “Latin Star” dónde pasamos una noche divertida cantando Enrique Iglesias, Hombres G e incluso Bruno Mars. Los locales por supuesto apostaban por la cumbia!

La vida discurre tranquila y cada día parece haber un partido oficial de voleibol playa-césped-piedra. La verdad, nos sorprendió el nivelón que tienen jugando.

La Laguna ofrece relax, se puede pescar, ir en kayak, navegar en sus botes turísticos o incluso ir en moto acuática, cosa que realmente nos sorprendió. Por un momento pensamos que estábamos en Miami Beach.

Una de las atracciones de Sauce son las Termales Don Grimaldo, una pequeña laguna de aguas temperadas, con doble temperatura, es decir frío y caliente al mismo tiempo. En el fondo de la cual se encuentra un barro negro medicinal, exfoliante natural y con alto concentrado de minerales.

Una vez realizado el intercambio de piscinas durante unos 15 minutos y ya con los poros limpios, toca untarse con el barro negro y secarse al sol mientras se disfruta de un rico jugo de la zona, nosotros nos tomamos el de guanábana. Realmente espectacular y según dicen tiene propiedades anticancerígenas.

Y por supuesto las pintazas estilo Arnold Schwarzenegger en Depredador valen la pena!

El resto de días los dedicamos a trabajar duro en el Maloca Inn como podéis ver en las fotos. Un hotelito prácticamente acabado de inaugurar dónde nos pudimos relajar, leer, escribir… Y dónde pudimos disfrutar de los cocktails a la orilla del lago, tumbaditos en sus hamacas.

Nos refrescamos por fuera y por dentro en la piscina del hotel con un fantástico Pisco de Maracuyá! Buenísimo!

La verdad fueron unos días redondos y especiales. Marta cumplía años y el personal del hotel me ayudó a darle una sorpresita, una gran cena a cargo de una cocinera excepcional que nos cocinó durante los tres días ricos platos de la zona, y nos consiguieron una torta que llegó entera de Tarapoto pese a la carretera en malas condiciones.

Sin duda así se cumplen mucho mejor los años!

Nos fuimos con un grato recuerdo de nuestro paso por Sauce. Esperando el taxi para ir a Tarapoto además nos encontramos con el personaje más curioso que hemos conocido en este país.

Un hombre llamado Himmler y que conduce un Volkswagen! Él nos dijo que una vez unos alemanes se sorprendieron y le pidieron el carnet para ver si era verdad, cosa que yo también comprobé! Nos comentó que no conocía el origen de su nombre, pero que le habían dicho que era un hombre malo.

Madre mía! Le dije! Heinrich Himmler!!! Comandante en jefe de las SS y ministro de interior de Hitler!

Sin embargo este Himmler era un tío realmente majo y simpático, menuda faena le hicieron sus padres escogiendo tan prestigioso nombre!

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